Sor María

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GANDHITLER

julio 22, 2011

Los documentales de la dos, son para gente enferma.

Esta tarde ha venido un amigo a casa a enseñarme unos repugnantes vídeos de leones contándose las pulgas en el Sherengueti (Las pulgas se las contaban en los pelos, no contaban las pulgas que hay en el Sherengeti, eso es absurdo).

Efectivamente, al chico le gustan los documentales de la dos. Está fascinado con la vida del Avechucho de Alas Pardas y bichos por el estilo, a los que no va a ver en directo en su vida, a no ser que se dedique a viajar por el Congo en camiseta. Y con los 140 Kilos que pesa, no le veo yo preparado para eso.


Es algo que me parece ridículo. Es posible que el perro del vecino sea una mutación genética de un cruce entre Doberman Afgano y perro Salchicha (‪Con calma chichaaaa), o que su mujer sea una foca, su hija una zorra y su sobrino un burro. Es mas, yo a el le he visto comer y es igualito que un cerdo. Deberían hacerle descuento en el zoológico. A lo que iba... Con ese bagaje debería de preocuparse mas por la fauna que le rodea que por la Marmota Abisinia y sus costumbres de apareamiento.

“Mira -Me dice- ¿No es impresionante que la Musaraña de Bigotes Astrosos del Congo tenga camadas de seis cachorros?”
Pues no. No lo es. Todas las hembras tienen camadas. Modificadas por aquello de las comparaciones, que son odiosas, pero camadas, al fin y al cabo. A mi, personalmente, lo que me parecería impresionante es que seis crías parieran a una Musaraña de doce años. Esos si sería impresionante. Y sí, además, la Musaraña de los cojones tuviera super- poderes ratoniles (Sexto sentido Musarácnido, levantar cuerpos inertes con la mente, o correr las doscientas millas de Cinccinati en un triciclo sin ruedas y llegar el segundo... cosas así), sería ya la pera en verso.

Mi amigo es un tipo de mente obtusa. De modo que soy capaz de entender los motivos que le llevan a pasarse una hora viendo un trozo de arena del Kalahari para ver si capta el sutil movimiento de la Anaconda del Desierto (Hábil nombre científico por el cual se conoce a la anaconda que vive en el desierto) , lo que no entenderé nunca es que lo disfrute.

Un ser humano normal (Ejem), disfruta yendo a la playa, comiéndose un jamón ibérico cinco jotas o rascándose como un endemoniado la marca que deja la goma del calcetín en la pantorrilla (Conozco casos en los cuales varias personas han llegado hasta el hueso haciendo esto, se ha gangrenado y han tenido que amputarle la pierna a las víctimas). Pero nadie en su sano juicio disfruta mirando una hora un trozo de arena. Me da miedo invitarle a la playa, es capaz de sufrir un ataque grave de Stendhal y morir devorado por una de las Ratas de Cloaca que infestan las zonas de ocio veraniego.

Cuando ha empezado el tercer capítulo (“La espeluznante vida del Caracol Artrítico del Caucaso. Por Richar Atemboroughgurjur”), he sacado a mi hamster disecado y le he pasado la maquinilla de afeitar (Al hamster, no a mi amigo) mientras cantaba, a terribles voces, trozos de zarzuelas castellano- manchegas, consiguiendo así que abandonara mi hogar (Mi amigo, no el hamster).

Se ha ido diciendo que estoy como una cabra.
Le he preguntado que tipo de cabra, Montesa, Alpina o Cabra de Uso Común.

Me ha borrado del Feisbum.

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Se agradecen los comentarios.
Se agradece mas el sexo despiadado con Hale Berry, pero tus comentarios también.
Pero no tanto.